domingo, 2 de octubre de 2011

se rompieron los caminos,
hubo que construir una carretera,
el asfalto es árido
pero funciona.
nunca me han gustado las muchedumbres,
me gusta el paisaje íntimo,
la habitación oscura,
el desván de los secretos incendiados.
angustia,
incapacidad,
soy el escarabajo de kafka,
luces de motel en el desierto inhóspito,
en mí
crujen
estas horas vacías de voz.
¿escampará?

no lo sé,
pero las tormentas
se vuelven rutina,
crean brechas
que no se extinguen,
muerden el alivio anhelado,
cercenan un tiempo sin esquema.
Las horas pasan,
la tarde es la extensión del mar muerto
dentro de ti,
piel carcomida
y abismo de ansiedad,
el hogar queda lejos,
las horas avanzan,
no has hecho los deberes,
no puedes hacerlos,
la imposibilidad te anula
y no puedes torcer un sueño que no te pertenece,
es tarde y nada se mueve.

Tiemblas, tiemblas,
tu esencia,
la imposibilidad,
tu presente,
esta dependencia temporal
pero tan cortante.

Duele. Rompe. Quema.
Los vasos rotos no se arreglan los domingos.
Ikea también cierra.

Solo cabe esperar, esperar, esperar....
solo
necesitar
pertenecer a una estancia,
a una certeza,
a un lugar.

Respirar profundo
sin encontrar respuestas.

Bucear el día más incierto,
derramar lágrimas en pasillos,
guarecerse en palabras lejanas,
perseverar ante el golpe mortal.

Ya está.
El principio del renacimiento.

Una habitación propia
para ser libre
y detener este viaje a la deriva:

Descansarás más sola,
tú contigo y basta,
tan viva, tan cerca.
No lo esperaba.
Los acontecimientos chocaban
rompiendo cristales,
deslizándose entre páginas y horas muertas,
nada
se detenía
en la ciudad de piedra lenta.