miércoles, 2 de noviembre de 2011

El desván de los ojos que perduran,
un violinista y el perro más manso.
Las magnolias crecen fuertes en invierno,
explicar el silencio
es lustrar la piel del absurdo.
no hay afluencia:
solo esta biblioteca vacía
y el crepitar de la lluvia.

Mística de jóvenes ausentes,
contacto de madera conocida.
la brutalidad del corazón de petróleo
sobrecoge a los niños del trigo,
hay cuerpos sumisos en las aceras encharcadas,
el cielo es un péndulo de deseo cristalizado.

martes, 1 de noviembre de 2011

no reclamar nada
cuando el cuerpo saborea
un amago de paz
Bajo pretextos inverosímiles
se desabriga de los ecos insondables.


Abrir los ojos,
viviendo hasta temblar exhaustos.

La ciudad se aferra a sus escenarios
pero hay un joven saboteando el último arañazo del frío.
excavando
bajo la arquitectura insomne
de la noche,
ha descubierto
el fin de la laguna
(o algo semejante).
Es noviembre,
la autocensura nos delata,
los hombres grises se alejan,
su realidad puede reducirse a un instante,
las tiendas han cerrado,
las calles semivacías derriban la rutina,
hoy, capturamos al fin, la cálidez del imprevisto.


El despertar ataja un laberinto de niebla.