domingo, 6 de noviembre de 2016

La continuidad es castigo
en este nicho de incertidumbre.
El hastío pesa,
la huida intermitente se cronifica.

Estoy desdibujándome
en un cuadro modernista,
perdiendo la nitidez
en esta sepultura de olvido.


La imposibilidad
al trepar paredes
y caer antes vislumbrar el otro lado.

La deriva se polonga y expande
como un lamento al caer la tarde.
Recorríamos las calles de la urbe
disfrutando de un efímero escalofrío
de espectacular intensidad,
abriendo un paréntesis en
el tedio que nos esperaba
cuando se desvaneciera la ciudad.

Oferta de trabajo

Se me ha olvidado cómo comercializar mis conocimientos,
he perdido la destreza para subrayar mis habilidades, 
soy un producto con errores de fabricación 
por eso permanezco inmóvil y aislada
en esta caja de rutina. 
El presente es entregarse al fulgor para  aprender a convivir con la ceniza.
Distante de todo,
rehén de tu memoria
mientras los escaparates se renuevan 
y las hojas sufren una metamorfosis
de explosiva belleza
antes de precipitarse al vacío


Despertar abrupto.
La lista invisible se despliega como
una amenaza.
Tanto que hacer
y tanto miedo
y tan débiles las ganas.
Solo dormir un poco más.
El vacío es mirar el teléfono
y saber que no hay nadie al otro lado.
Solo el silencio, mensajes que no son para ti
y unos cuanto likes en tu cuenta de instangram.
Abrir los ojos en una habitación inundada
donde las algas se te han enredado al pecho.

Qué vas a hacer con ese páramo que es tu alma.
Qué vas a hacer para aliviar la orfandad de tu cuerpo encharcado.