miércoles, 10 de octubre de 2018

qué queda tras la cáscara

                            dónde puedo comprar un manual para aprender a envejecer sola


que sea eficaz


                      y con un balance calidad-precio razonable.


Agradecería también algún dibujo sugerente y un eslogan atractivo.

Véndeme, por favor, la receta de la felicidad relativa (tampoco soy tan ambiciosa), aunque sea me gustaría un período de prueba, algo para ir tirando, nada de otro mundo, algo así como un vago porqué al despertar.

el abandono
    te ha dejado el músculo colgando,
los papeles ordenados
                           y cerveza en el frigorífico.
     

Huele a lavanda y a Fairy.
Tienes moluscos en las palmas de las manos
y se te eclipsan los lunares.
Lágrimas de humo
tras besos de escarcha.

Nada ha dejado huella.
Piel incólume
ante la tenaza del mañana.

Zumba

movimientos rítmicos:
el meneíto contra la angustia existencial,
los cuerpos de este salón
 necesitan olvidarse de sí mismos
para no morir de miedo,
para no temblar de frío.
la tiniebla es extensión de mis poros,
me he bebido el horizonte amargo
en este hueco digital que
alguien me trazó



volver a escribir
es lamer la fisura
con saliva verbal,
adornar con versos
la carne perforada.

Pero la herida permanece
ajena a ese bálsamo estético
como un niño
que arrullaste antes de tiempo
pero nunca se durmió.
Se me han encallado las pestañas
                                   qué necesito para cubrir este miedo tan superlativo,
tengo un enjambre en el pecho,
y aquí,
atascados,
los naufragios que me hicieron grande
                                                             pero no me han salvado
                             no de mí
 aún no.