jueves, 29 de septiembre de 2011

quiero
algo en la pizarra,
desvélame el secreto,
necesito un poco de seguridad.
Septiembre tiene la belleza triste
del principio atardecido.

Estallan voces y mueren gestos,
se rasgan pantallas
mientras nos nevamos en el mar más cálido.

Esta tierra tiene silencios
que nos pertenecen,
paraguas ineccesarios,
estuches nuevos,
ventanas al sol,
conceptos inabarcables
en el susurro definitivo
que encadena
poesía y miedo.
Desestabilizar esta rutina sería la causa más justa.

No quiero utopías,
solo tu boca de león insatisfecho.
Respirar profundo
o la pausada batalla
del deseo.

Cuánto
nos gusta
vivir en vilo.
¿Dónde quedó
la sencillez de tu acento?
Fluye la memoria,
es un torbellino de sal.

La vida,
días contrapuestos
sobre mis rodillas.
trazas un mapa riguroso,
tus antepasados eran suizos,
apuntas con el mecanismo de un reloj,
esta ausencia es un proyecto arquitectónico,
los pilares se me derrumban
y aún falta media hora
para que sea medianoche.
En un instante,
interconectas
las huellas de la voz,
un espectograma confunde las variaciones,
pero algo es pronunciado


son los restros de tu nombre sobre el colchón.