domingo, 11 de octubre de 2015

Es la hora de comer y las noticias han llegado en tres idiomas.

Huele a lluvia y a CO2. 
La remota isla que solicita profesores 
ya ha cubierto la vacante, 
así que no vamos a movernos del sofá.

Alguien ha tenido gripe:
una semana fuera de la pantalla
y quedamos obsoletos.
Nos pixelamos como fotos ampliadas,
solo que cada vez se nos oye menos,
perdemos nitidez y nos fragmentamos
sin que nadie se percate. 

Los medios de comunicación nos han robado el discurso. 

La modernidad líquida nos devora.
Nadie me enseñó las fórmulas
para venderme
en lenguas extranjeras,
ni tampoco se me explicó
que viviría en la incertidumbre,
robando horas al programa
que la sociedad había diseñado para mí.


Diálogo interno.

- ¿Por qué callas?

- Porque el lenguaje es un eco
que retumba contra paredes sordas. 

- ¿Qué hiciste con la creatividad?

- No lo sé, últimamente no coincidimos.

- ¿Qué tienes en la garganta?

- Una manifestación. ¿Por qué lo preguntas?

- Porque estamos en un túnel y empiezo a tener miedo. 

domingo, 25 de enero de 2015



 Orfandad de palabras.
Son las tres y veinte.
El cielo, uniformado de azul,
luce su ostentosa indiferencia.

Plazos como coordenadas 
para despertar mañana.
El fin de la ciudad,
un banco en el que nadie se sienta.
 Jadear como un electrodoméstico viejo.
Perderle miedo al miedo.
Agotar lo inagotable.
 Hasta los gritos hipotecados
y el cuerpo en ruinas,
Expectativas y desesperación.

domingo, 23 de noviembre de 2014

No hay fórmula mágica,
ni péndulo que funcione
en estos cuerpos sin barómetro.

La premisa de un texto
para esconder el huracán de habitación cerrada
que gobierna este invierno de pincelada rápida.

Los barcos se hunden a las cuatro en punto
mientras nos reímos de forma absurda,
ajenos a los cuerpos que nadan a nuestro alrededor,
degustando la tragedia
porque nuestros párpados saben
que los aviones surcan el mapa hasta que se acaba el combustible.

Este titubeo está fabricado por pájaros herrumbrosos,
comemos palomitas y se empaña el sonido del timbre.

Silenciamos los laberintos
para salvar la nostalgia,
vimos cómo claudicaba el beso
al otro lado de la pantalla,
en el margen del equilibrio.

No conocíamos la geografía
de estos páramos cenagosos,
pero acertamos a encontrar la puerta
antes de que se llenase de barro el último retrato
atrincherado en la penumbra del salón.

Aceptar el golpe para madurar:
amargos hasta endulzarnos con la edad,
temblando como melocotones antes de morir,
acariciando la noche previa a la helada,
embadurnados con estas palabras
de puzzles escudados en silencio,
opacos como me dijeron que eran los códigos...

aquellas cosas que querían decir otras cosas...

jueves, 18 de septiembre de 2014

Skype.

Geografía invisible que aproxima continentes
nutriendo vínculos de raíz profunda
a través de una lengua extranjera.
no hay pálpito
cuando la emoción está hecha a medida.