viernes, 27 de septiembre de 2013

Que no nos impidan volar.

El cambio cala despacio,
muchos no entienden,
la incomprensión es miedo,
 miedo que desata violencia,
violencia cultural, explícita o en el celuloide.


No me gusta el señor Grey, ni quien los lee.
No lloro con facilidad.
No soy una bruja, por hablar mi lengua,
o por no callarme.

Hay baches en la senda,
hombres de ceniza que nos deshacen de luz,
grilletes al dormirnos sintiéndonos libres,
al fin, de tanta opresión, de tanto consentimiento,
de la esclavitud silenciosa,
de esta inferioridad lacerante.

Volvemos a encontrar barrotes
pero no nos encerrarán,
mujer,
grita,
exige,
lucha.


jueves, 26 de septiembre de 2013

último helado

Como nota final de partitura,
eje de una larga melodía,
el último helado
fue regalo de una desconocida.

Ella se lo comió sola,
transitando la ciudad sonámbula,
sintiendo el frío más dulce
al contemplar los patios de esplendor y polvo,
sosiego y fantasmas.

El otoño había llegado,
aquel helado (probablemente industrial)
fue el mejor del verano.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

El amor se traduce en una caricia a destiempo,
en una cocina lenta y bien cuidada,
en aliviar una espalda cansada,
en la cercanía hilvanada día a día,
en la rutina irrepetible,
en ser participes de una lucha conjunta,
en el hallazgo de una continuidad deseada,
en la conciencia de haber superado el límite
donde lo ajeno se funde con lo propio,
donde la delimitación del ser varía
y no hay singular,
pues la pluralidad nos ha hecho más fuertes.

Las compuertas del tiempo
y sus imposiciones sobre la posibilidad de dedicarlo a la escritura.
Candente aún,
el fulgor permanece.

Las calles se llenan de transeúntes
que desconocen hacia donde les conducirán sus pasos,
a veces torpes, a veces lúcidos,
enmarañados sin orden,
unidos sin posible explicación,
pero confían en encontrar un espacio del que no deseen retornar.


Quemar horas presagiando la dificultad de una última batalla.

El laberinto me devora,
vértigo en los márgenes de su crepitar,
tiemblan los cercos que dibujó
el artesano sobre la piedra.

Hay remolinos de códigos antiguos
y palabras en desuso.
 La única estela
ensombrecida en el olvido.
Está oscuro.
No entiendo nada.

Aumentando la nebulosa de ideas inconexas,
vislumbrar el dolor
y sonreír paciente.
Volver a la tormenta
como lobo de mar.
Cautiva de las alarmas
y de las páginas ininteligibles,
descifrar despacio,
como quien busca la primera pincelada
en un cuadro impresionista,
con sed
pese haber secado el río,
 tras haber olvidado el miedo,
empezando a jugar.

Retorcer las grafías hasta que sangren,
aplacando las mareas con humo azul,
tras haber encendido el faro en la noche de la memoria.

lunes, 9 de septiembre de 2013

¿A dónde nos conduce el silencio?
¿Por qué se comunican los árboles cuando nosotros dormimos?

Han escrito un caligrama.
El milano ha alzado el vuelo.
Los recortes de periódico se acumulan sobre la mesa.
La evolución de las estaciones se graba tras el cristal.
Esperar antes de la búsqueda,
arrugar la incertidumbre como si fuera un folio.

No hay calidoscopios en el invierno sin lumbre,
ni predicciones ante planos sin trazo.