viernes, 14 de octubre de 2011

Marcar los rasgos con un cuchillo
cuando saborea un mediodía sin estación ni sueño,
aquí no hay otoño,
el verano es la inmovilidad del incendio,
un lento transcurrir de estatuas de sal y escenografía precisa
pero este preludio se rompe al tercer acorde
y nadie sabe cómo regresar a la cala de los inviernos tibios,
donde la piel esconde ese secreto liviano
que dejaron caer las bocas complacientes.
Todos los cuervos emigran a otra torre
cuando la luz destruye besos para escribir garabatos
y ella espera que aquel nombre
también le hubiera pertenecido,
no lo quería cerca,
lo quería suyo,
suyo es un verbo posesivo,
posesivo se describe con círculos violentos,
suyo signifa peligro,
como los colores que queman antes de grabarse,
pero desea,
desea,
intuye,
resucita en su búsqueda
solo porque no pudo ser.

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